Lanzo un grito alegre cuando el timbre toca. Viernes. Por fin ha acabado toda la semana escolar. Hay pocas cosas mejores que eso. Me levanto de la silla en la que estoy y me dispongo a dirigirme cuatro o cinco filas más atrás, a por mi mochila, cuando...
- Egoime, quédate un momento, quiero hablar contigo- dice Raquel, mi tutora.
No me hace falta saber el motivo. Sigo sin tener poderes paranormales, pero puedo adivinar, punto por punto, el tema de la conversación. Y es que, al comienzo de la clase, Raquel había anunciado que hay "determinados alumnos" que han perdido el derecho a evaluación contínua debido a sus faltas de asistencia. Evitó mirar a la zona en la que yo me encontraba, pero yo supe que se refería a mí. También hubo quien me miró y me indicó, como si yo fuera gilipollas, que la tutora se refería a mí.
En mi antiguo instituto debí de perder hasta el derecho de asistencia a clase, con tanta falta, pero nunca hicieron caso. En este, en cambio, quitan 0,25 puntos del examen por cada RETRASO (de faltas ni hablemos), si llegas tarde a un examen no te dejan hacerlo, y si tienes un 20% de faltas, te quitan los exámenes trimestrales y te examinas únicamente a final de curso. SIEMPRE llevan a cabo sus castigos.
- Te esperamos abajo- dicen E. y M, saliendo de clase.
...
- Bueno, Egoime, supongo que ya sabrás que tienes muchas faltas en historia, por lo que has perdido el derecho a evaluación contínua. Si la profesora te hace un examen trimestral puedes dar gracias, lo hará por decisión propia, como un favor, ya que no está obligada. Si no, te examinarás en junio.
No me molesto en contestar que las clases de historia me vienen muy mal de horario, está claro que como excusa es vomitiva. Se supone que, entre semana, y de 8 am. a 2.30 pm estoy obligada a estar libre de enfermedades y/o asuntos personales que interrumpan mi horario lectivo. La dejo continuar. Tampoco me molesto en indicar que sé que la de historia no me tiene precisamente cariño, y que, desde luego, no me va a hacer ningún favor voluntariamente.
- Por otra parte, ya sabes que vas a repetir curso- indica.
- No voy a repetir- digo con calma.
- Con tres suspensas, no pasas a segundo- discute.
- Ya- acepto.
- Y si piensas que vas a pasar con dos..- añade.
- No. Voy a pasar sólo con una- rebato. Esta frase para la mayoría de la gente es corriente, pero en su rostro se ve que la toma como una ofensa.
- ¿Ah, sí?, ¿se puede saber con cuál?
- Matemáticas- digo, riendo. Menos mal que le indiqué al principio de la conversación sobre mi tic nervioso de la risa, si no, me temo que a estas alturas de la charla estaba de camino a jefatura.
- Ya. Que sepas que aprobar no depende sólo de ti- dice. Y es que, indirectamente, le he comunicado que sé que voy a aprobar su asignatura, que tengo suspensa. Como mi respuesta no le ha gustado, indirectamente me ha contestado que eso lo decidirá ella. Leer entre líneas es vital cuando discutes con tus profesores intentando no faltar demasiado al respeto.
- Lo sé. Pero sé que apruebo, en junio o septiembre.
- Para aprobar tienes que sacar un 5 en el examen. Y ni siquiera eso. En mi asignatura, la nota del examen vale sólo el 80%, y el 80% de cinco es un suspenso. Es más: aunque sacaras un seis, un siete o un ocho.. El 20% de cero es cero, me parece a mi, luego tu nota de comportamiento es un cero, y yo con eso no hago media. Suspenderías. Si quieres aprobar, necesito ver que cambias tu comportamiento y mejora tu actitud.
- En septiembre no hace falta nota por comportamiento. Tampoco buena actitud.
-... Y, si quieres aprobar, más te vale no ir diciendo nada sobre escribir libros.
- ¿Qué?- ¿qué tiene mi tutora en contra de los escritores?, ¿quizá he dicho algo en contra de la SGAE que no le ha gustado?
- No te hagas la tonta: lo que le dijiste a la de historia...
- ¡Ah!, a Esther... sí, ya me acuerdo.
- ... que, encima de no disculparte, te vas jactando por ahí de tu comportamiento..
- ¿¿YO??
- Sí, tú. Te jactaste ante dos personas. Lo escuché yo, y estaba presente otra compañera.
Tras unos segundos de reflexión recuerdo a lo que se refiere. El día de la charla con Esther había dos personas presentes en el aula, una de ellas era E. No comenté con nadie lo sucedido, pero a la salida, sentadas en los bancos, E. hizo un chiste sobre el tema. Yo me reí, y, entre risas (mis risas son imparables) le conté a M., que sentía curiosidad tras el chiste, lo sucedido. Raquel, que no tiene vida propia y se aburre mucho, relacionó mis carcajadas con el tema de la conversación y sacó eso de que me estaba vanagloriando de mis actos. No es cierto que lo hiciera: de haber querido presumir, lo hubiera contado voluntariamente, no hubiera esperado a que alguien sacase el tema.
Tras contestar negativamente a la pregunta de "¿te hemos hecho algo la profesora de mates, la de historia o yo? En estas tres asignaturas vas fatal, mientras que en el resto no tienes problemas", mintiendo claramente (la de mates me ha ridiculizado delante de toda la clase, al igual que la de historia, mientras tú llamas contándole gilipolleces a mi madre.. pero a ver cómo te digo esto a la cara), me voy. Y me arrepiento de no haberle contestado de verdad lo que pienso.
... Sin embargo, es verdad. Este curso, o me compro una buena bolsa de disculpas para regalar a mis profesores (agg! No quiero rebajarme a eso!! No quiero ser tan hipócrita!!) o voy a pasar un veranito cojonudo, entre logaritmos, guerras mundiales y presocráticos...